• Implantación gradual de herramientas beneficiosas para la salud, satisfacción laboral y productividad del trabajador. 

Actualmente, y desde hace unas décadas, estamos inmersos en la eclosión de los medios digitales de comunicación. Desde la popularización de Internet a principios de los años noventa y la posterior masificación de su uso, la disponibilidad y el acceso al big data (o datos masivos) han crecido a una velocidad vertiginosa. Este reciente proceso, sumado a los múltiples desafíos inherentes a la propia existencia, tiene un extraordinario poder para modificar la gestión de la vida de las personas, de sus relaciones, de sus negocios y, por lo tanto, para intervenir en el curso de la humanidad entera. La posibilidad de una extrema inmediatez en las interacciones es quizá el factor que supone un mayor hito en la búsqueda de la velocidad del proceso comunicativo. Sin embargo, los efectos de este nuevo fenómeno cubren un amplio espectro: desde otorgar a los usuarios una capacidad organizativa antes desconocida hasta precisamente lo contrario: la parálisis operativa.


Es posible que el cerebro humano ya se esté adaptando evolutivamente a esta nueva situación, pero los efectos nocivos de la sobrecarga de tareas diarias, del exceso de objetivos y exigencias, de la necesidad constante de adaptaciones a nuevos entornos y de continuas superaciones personales comienzan a manifestarse. Aparecen conceptos antes inexistentes, como insomnio tecnológico, angustia tecnológica, tecnoestrés, tecnofobia, cibermareo, efecto Google, nomofobia, síndrome de la llamada imaginaria, síndrome de las ventanas (en referencia al sistema operativo Windows), etc. El denominador común de todos ellos es la ansiedad generada por una inadecuada gestión de los hábitos, responsable directa del surgimiento de este malestar.

En palabras de David Puchol: Algunos datos básicos y una selección de estadísticas extraídas de diversas investigaciones recientes nos permitirán entender, con mayor precisión y en su verdadera dimensión, el impacto real que sobre la población ejerce este tipo de trastornos, así como constatar la aparente contradicción que se puede observar al comparar la prevalencia e impacto de este tipo de trastornos, y los recursos que desde las administraciones públicas se ponen a disposición de los profesionales especializados para combatir eficazmente este tipo de enfermedades mentales, lo que ha llevado a numerosos expertos a considerar los Trastornos de Ansiedad como la verdadera epidemia silenciosa del siglo XXI.


Por otra parte, la vida social no sólo se compone de las relaciones que establecemos entre individuos en nuestro tiempo de ocio, sino que también está integrada por las facetas laborales y personales. Las empresas, como casi todos los ámbitos, están compuestas por personas, y como tales tienen relaciones entre ellas que van más allá de unas metas y unos objetivos laborales en común; son compañeros de vida a todos los niveles. Por lo tanto, una empresa es un reto compartido por personas que no sólo aportan su trabajo, sino también una extensión de su vida personal con el fin de alcanzar el éxito empresarial, traducido en satisfacer una necesidad del mercado.

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